REVISTA LOGÍSTICA TRANSPORTE Y ALMACENAJE - 26/10/2017
Editorial.
No es el procés lo que debe de preocupar empieza por C y no es Cataluña.
La anomalía atlántica.
Todo el mundo en España y en Europa que no sabe, se preocupa por el "procés" catalán. Todo lo que hacen los humanos se puede deshacer o arreglar aunque muchas veces lo hagamos a un increíble coste. Al fin y al cabo, las "elites" europeas lograron dar una solución a las guerras continuas, bien es verdad que después de muchos siglos, con la Unión Europea. Se ha logrado evitar una tercera guerra mundial con China gracias a que nos gustan sus productos y a los chinos los nuestros, pero no estamos pudiendo evitar la guerra continua en Iraq y Siria ni en el Sahel africano, justamente porque en esas guerras tiene mucho que ver algo: el clima.
Pero aquí estamos de espaldas a ello como lo estuvieron en Siria, donde vivieron una sequía tras otra y no vieron venir el desplazamiento, crispación y radicalización de la población que se veía sin sustento.
En Europa estamos sufriendo los efectos de la anomalía atlántica, o ártica, y aquí se habla poco de ello cuando puede que transforme prácticamente el aparato productivo español.
La segunda industria de nuestro país tras el turismo es la agroalimentaria. Esa industria esta viéndose potenciada y perjudicada por el cambio climático y el calor.
Dada la velocidad con que está aumentando la temperatura y la frecuencia de las olas de calor, se esta viendo perjudicada.
Lo que debería de preocupar y preocupa a unos pocos es ver día a día las predicciones del tiempo y sobre todo la peligrosa anomalía ártica o atlántica.
La anomalía ártica se viene estudiando desde hace mucho tiempo y consiste en la posición de las altas presiones sobre el polo norte, y por consiguiente los flujos de borrascas que estas altas y bajas presiones sobre el hemisferio norte producen en Europa.
España depende tremendamente para su flujo de borrascas y de lluvias de la desaparición o desplazamiento hacia el sur del anticiclón de las Azores, empujado por las borrascas que en otoño empiezan a bajar de las latitudes más altas.
El problema, como estamos percibiendo con temperaturas anómalas de diez grados superiores en estos días del final de octubre, está en que el aumento de las temperaturas en verano está tropicalizando de forma distinta nuestra meteorología.
Las borrascas que normalmente se colocaban por debajo de Irlanda están ahora entre Irlanda e Islandia y afectando a una latitud más alta de Europa (de Francia para arriba y tampoco demasiado). Eso está provocando una falta de lluvias que lleva tiempo produciéndose en España, Italia y países balcánicos.
La realidad es que esto se lleva produciendo hace tiempo y que ha ido dando paso a una agricultura en España e Italia cada vez más tropical. De hecho, cada vez cultivamos más frutas tropicales o estamos recurriendo a árboles como el pistacho de sitios muy áridos como el Irán.
El problema es, como siempre, la velocidad de ocurrencia. Evidentemente estamos preparados porque tenemos ya regiones productivas de agricultura intensiva que son desiertos. Murcia o Almería son ejemplos clarísimos de éxito de una agricultura que sobrevive gracias al agua del subsuelo o de las transferencias de otras cuencas.
Las transferencias de otras cuencas como el Tajo-Segura cada vez están más en entredicho y el recurso de esas regiones al agua del subsuelo es cada vez más intensa; además de que pueden recurrir a la desalación de agua, pero en este caso costosa y de segunda generación para evitar la salinización del suelo y de los cultivos. No nos equivoquemos, el agua de las desaladoras convencionales vale para tirar de la cadena y bañarse, pero no vale para regar, como bien saben los agricultores, que quieren que sus cultivos y sus tierras valgan durante años y no se salinicen.
Pero el problema está a corto plazo, y esta anomalía atlántica que es el desplazamiento hacia arriba de las bajas presiones y de las corrientes en chorro prometen causar problemas en nuestro aparato agrícola. Ya hemos visto algunos de estos problemas derivados de la tropicalización, que no es otra cosa que fruto del calentamiento del Mediterráneo; pero sobre todo también del Atlántico cercano, ya que se producen tormentas y lluvias intensas cercanas a las que se producen en el trópico con los monzones o con los tifones y huracanes que vemos sobre el Caribe y los Estados Unidos.
El aviso de la tormenta tropical cercana al de un huracán, Ofelia, que pasó rozando la península y que causó lluvias sin precedentes casi tropicales en Irlanda, es claro signo de que podemos vernos azotados por temporales del sudoeste en le península como siempre los hay, pero de carácter más violento y tropicalizado; y lo que es relevante, para los ríos, las cuencas y los embalses cada vez más espaciados. Es decir, una combinación de sequías y por otro lado de intensas lluvias que, como el año pasado, destruyeron cosechas enteras de lechugas y otros cultivos.
Esto y la adaptación a esta situación deberían preocupar y poner por lo menos en perspectiva esta disputa ridícula que mantenemos los habitantes de la árida piel de toro sobre Cataluña.
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