NOVIEMBRE
2005
Se dice que con el tiempo todo se contempla con mucha más
claridad y sentido realista. La excusa del céntimo sanitario
como motivo de la huelga del 18 de octubre sirvió
para mantener en vilo las conversaciones entre el sector y el
Gobierno el tiempo justo y prudencial. Más aún si
se tiene en cuenta el dato de que el acuerdo que finalmente firmó
el sector con las asociaciones de cargadores, dos días
después de la convocatoria del paro, ya estaba escrito
en los mismos términos el fin de semana anterior.
Lo conseguido de la Administración es, simple y llanamente,
un proyecto de ley que habilite a las comunidades autónomas
a no cobrar el céntimo sanitario. Además, para los
dos próximos años, si alguna comunidad autónoma
decide seguir con su céntimo sanitario se le permite no
cobrar a los profesionales y el Estado le compensará por
lo que haya dejado de ingresar. Si aun así alguna autonomía
decide cobrar el céntimo también a los transportistas,
el Estado reembolsará a los transportistas por este impuesto.
De hecho, dos días después de que se firmara este
acuerdo, Asturias, Cataluña y Madrid
anunciaron que de quitar el céntimo sanitario, nada de
nada. El céntimo sanitario no parece el problema central
del sector. Así lo afirman grandes y medianos transportistas,
y autónomos, por supuesto. La cuestión está
en el precio del transporte, precisamente lo que ha quedado pendiente.
Hay muchas reformas legales que hacer para que el acuerdo firmado
con las asociaciones de cargadores sirva de algo, y lo primero
sería que todos los contratos estuviesen por
escrito, algo que hoy por hoy es prácticamente imposible.
La maquinaría legal tiene trabajo. Habrá
que ver cómo ejecuta lo firmado y en qué plazo lo
pone sobre las mesas. Además, y por si no fuera ya antes
mala, la sociedad tiene cada vez peor imagen del sector. Las grabaciones
de conductores enfrentándose en la carretera y los daños
a camiones se han mezclado con los videos de algunos mercados
casi vacíos y de puertos y fábricas parados. La
presión es alta, pero todos estos incidentes indican muy
a las claras que hay bastante gente que no está contenta
con lo obtenido. Sus maneras no son las adecuadas, eso es
innegable. Pero están descontentos y cada vez más
cabreados.
Cabe, además, el riesgo de que estos elementos y algunos
otros que habrían aceptado el acuerdo a regañadientes,
y a sabiendas de su poca virtualidad en cuanto a la subida de
los precios del transporte, se radicalicen aún más,
y este conflicto, que empezó como algo regional (localizado
en el norte del país) o sectorial (como algo que afecta
principalmente al portavehículos), se enquiste o se extienda
por todo el país. Ya ha pasado otras veces, cuando el descontento
se extendió como la pólvora y abrió la caja
de los truenos. |