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Mucho
se habla estos días en el sector sobre la necesidad
de un proceso de concentración de empresas de
paquetería para asegurar un buen crecimiento en un
futuro próximo. Actualmente el sector de la paquetería
en España se encuentra muy fragmentado. Esta
fragmentación supone que más del 70%
del mercado esté en manos de 10 operadores, pero que
aún cerca del 30% está siendo controlado por
empresas de tamaño pequeño o medio.
Parece irónico pensar en un proceso de concentración
rápido en el mercado español. Es más,
hace tan sólo un mes varias empresas de paquetería
presentaron sus cuadernos de ventas a algunas de esas 10 empresas
que controlan el 70% del mercado, y ahí siguen. Compuestas
y sin novio.
¿Se ha parado el sector de la paquetería? ¿Han
cesado las inversiones en el sector? Nada de eso. Muchos movimientos
se esperan para el nicho con mayor potencial de crecimiento,
provocado sobretodo por el desarrollo de las redes internacionales.
En definitiva, como afirmaba este empresario, lo peor ha pasado
ya. Ha ayudado para que el ajuste no haya sido tan dramático
como se esperaba el que muchos contratos se hayan revisado
al alza con la llegada de 2006. Primero, con los clientes
más sensatos y después los otros, con desgana,
pero al final, pasando por el aro, aunque no, desde luego,
con las subidas que se pidieron públicamente, pero
subidas, al fin y al cabo. Los paros del octubre pasado sirvieron
de toque de atención para los clientes y han
dado su frutos a corto plazo.
Le queda al sector, quizás, una cosa para recuperar
el terreno perdido y añorado de crecimientos
de dos dígitos, y es la capacidad para concienciar
a sus clientes de la presión de los corsés legales
que se ciernen sobre el sector y lo que suponen para el trabajo
y la empresa de transporte.
Se trata, en fin, de ser didáctico. Puede parecer muy
difícil, en las actuales condiciones de mercado, estando
las cosas como están, contarle a un cliente que llevar
una mercancía de un sitio a otro lleva su tiempo, no
más, pero tampoco menos de lo marcado legalmente, y
si se quiere reducir ese tiempo hay que pagar lo que supone
añadir otro conductor más, porque los límites
legales se pueden forzar pero sin romperlos.
Esta es la verdadera lucha del sector para los próximos
meses. Quizás no sólo consista en pedir más
inspección, sino en hacerles ver a las autoridades
que los transportistas son muchas veces meros instrumentos
de las infracciones de otros. Esto puede conseguirse mediante
las denuncias, como se hace en los puertos, donde se denuncia
cualquier exceso de peso en los contenedores (aunque en este
caso juega a favor de este tipo de transporte el hecho de
que los contenedores van sellados y se puede responsabilizar
del sobrepeso al cargador), pero, además, hay que explicarle
a las autoridades lo que pasa, con casos concretos. No se
trataría de dejar de hacerle ese favor a los clientes,
sino de comprender que con esas prácticas no sólo
no se gana dinero, sino que pierde la propia empresa. Pensando
en lo propio podría mejorarse el panorama general.
Ahí está la verdadera batalla del sector.
En alcanzar la profesionalización y buscar nuevas
fórmulas para competir, porque piratas los
va a haber siempre: no hay más que ver que en el mercado
hay demanda.
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