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El
otro d’a hablŽ con Mari Asu. Muchos la echan de menos en estas
p‡ginas por su siempre acertado comentario, su iron’a, su saber
estar, su indiscutible agradable presencia. Digamos que por
exigencias del gui—n, por esas cosas que ocurren alguna vez
en la vida, ahora se dedica a otros menesteres. Pero no cre‡is
que ha dejado de lado la vida de la carretera, esa que tanto
le apasiona.
ŔSabŽis una cosa? Ella disfrutaba sabiŽndose en todas las carreteras
de Espa–a y de Europa; sintiŽndose la compa–era de viaje de
tantos y tantos conductores que transitan en soledad por Europa.
Para ella era como viajar sin moverse del sill—n. Adem‡s, le
llenaba de ilusi—n tener la certeza de que provocaba un instante
de alegr’a a quienes ojeaban su p‡gina. Reconozc‡moslo, era
un tanto vanidosa. Cuando hablŽ con ella se acababa de desayunar
con la noticia de que hab’an quemado 13 camiones en el Noreste
de Espa–a. Estaba derrumbada. No cab’a en su cabeza c—mo alguien
pod’a cometer actos cuasi terroristas para tratar de solucionar
los problemas del sector. ŇNo saben que con las formas pierden
la raz—nÓ, me dec’a apesadumbrada.
No le falta raz—n. DespuŽs de todo el cirio que se ha montado,
despuŽs de parar el pa’s durante dos d’as todo el sector, y
15 d’as los portaveh’culos, parece que no se ha conseguido tanto.
Los precios, que es en lo que en realidad interesa y lo que
alimenta a las familias, se van a tener que pelear uno a uno.
De las famosas reuniones entre el sector y el Gobierno tan solo
se ha extra’do la recomendaci—n a los cargadores para que suban
los precios. Bien est‡ la labor de concienciaci—n que est‡ sensibilizando
a los clientes, pero lo que se necesitan son subidas en la pr‡ctica,
en los papeles, no de boquilla. Que las palabras se las lleva
el viento. ŇŔDe quŽ me sirve que sepan que estoy mal y me muestren
su comprensi—n si son quienes tienen en su mano mi bienestar
y no se les ve muy interesados en hacer nada?Ó, se preguntan
muchos.
Se ha visto claramente entre los portaveh’culos, que, para m‡s
inri, es uno de los sectores m‡s coordinados del transporte
(c—mo estar‡n los dem‡s). DespuŽs de organizar movilizaciones
en la puerta de los cargadores, s—lo se ha conseguido que cuatro
empresas firmen un documento para mejorar la situaci—n de los
transportistas. Las empresas consiguieron parar la huelga amenazando
con dejar sin trabajo a los aut—nomos que siguieran en casa.
Incluso corri— el rumor (sabiamente lanzado, por cierto) de
que una importante empresa europea iba a hacer una gran inversi—n
en portaveh’culos y que, claro, con esa flota no les iban a
faltar camiones para mover sus coches. Vamos, que hicieron que
sus aut—nomos se sintieran totalmente prescindibles y dependientes
de ellos, de los grandes, de los fuertes, de los que manejan
el cotarro. Quisieron dejar claro quiŽn ten’a la sartŽn por
el mango. Y parece que lo consiguieron. F‡cil forma de acabar
con una revoluci—n. Ahora bien, que nadie se lleve a equ’vocos.
Ellos ser‡n m‡s poderosos, bien, pero quien mueve el sector
son los que hacen kil—metros en la carretera y no hay que subestimarlos.
Ni mucho menos. Una cosa m‡s: Mari Asu me dijo que os mandara
un fuerte abrazo a todos, que ella tambiŽn os echa de menos.
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