REVISTA TRANSPORTE Y LOGÍSTICA - 11/04/2016
Editorial.

Crisis y cambio en el internacional.

Nos estamos autoengañando con que los del Este son coyunturales.

El transporte internacional no está teniendo una campaña óptima, no se puede decir que sea mala, estando el gasoil como está, pero se aprecia el impacto de un crecimiento rápido de la oferta de camiones en el mercado nacional. Algunos hablan de burbuja. El transporte internacional español no puede vivir solo del mercado de la exportación hay que buscar otros mercados y se puede.

El pabellón español de transporte internacional ha dominado Europa durante los últimos diez años. Ahora no.

Desde la ruptura de las fronteras en 1993 el transporte internacional español inició una rapidísima expansión que le llevó hasta el año 2008 dominando dentro de un mercado común de transportes liberalizado al resto de pabellones.

Los sectores de transporte franceses y alemanes habían sido poderosos, como también los holandeses. Sin embargo, poco a poco la fuerza de la realidad se abrió paso. Pabellones tan poderosos y de economías tan ricas como la francesa quedaron reducidos a fosfatina por el impulso del pabellón español, es decir, de las empresas españolas de transporte internacional. Cuando los desequilibrios de una exportación fortísima española hicieron necesario triangular y utilizar el cabotaje los españoles fueron los primeros en ir poco a poco captando mercado de Francia hasta este ir empezando su declive.

El hecho es que, después han llegado al campo de juego del transporte europeo otros actores. Las empresas españolas, utilizando empresas rumanas, búlgaras y sus conductores progresaron muy rápidamente. Pero, desde el año 2008, coincidiendo con la crisis y un par de años de durísimo impasse para las empresas españolas de transporte internacional que, aunque siguieron creciendo, salvo en el año 2009 donde hubo un bache en toneladas-km, sí que vieron una seria limitación en los retornos para seguir desarrollándose.

En este marco de cosas
Polonia, que iniciaba un fuerte crecimiento como país, no ha vivido la crisis económica como la hemos vivido nosotros. Casi se puede decir que como país no se ha enterado para nada de la crisis del 2008 hasta el 2015. Tras un pequeño bache en el año 2008 y 2009, Polonia ha crecido con fuerza y ha construido un pabellón de transporte internacional que hoy figura en las estadísticas europeas como el primero habiendo superado con fuerza a España.

Sin embargo, todavía estamos haciendo cuentas, y de ello también somos culpables los medios, en creer que nuestro pabellón español, gracias a la flexibilidad que han demostrado las empresas para aprovecharse de la utilización de conductores extranjeros, podríamos dar un salto adelante y jugar un papel importante y luchar con los polacos por el pódium del pabellón de transporte internacional.

Incluso eso, quizá derivado de orgullo patrio y nacionalismo lo hemos defendido desde estas páginas. Tenemos que decir, que esto empieza a parecer insostenible.

Sí, creemos que nos quedan pocos telediarios para verdaderamente dar otro salto adelante en el transporte internacional español, en este caso más complejo y difícil. Nuestras exportaciones siguen creciendo con fuerza pero nuestras importaciones parecen distantes del día que recobren un pulso fuerte, es decir, que no podemos esperar en el 2016, y ya veremos cómo pintan las cosas para 2017, para un fuerte repunte de la importación de productos por carretera hacia España y por tanto por un equilibrio de los retornos.

La alternativa sostenida desde estas páginas es que las empresas de transporte internacional, las que han logrado internacionalizarse nos guste o no, utilizando chóferes rumanos, búlgaros y de terceros países y localizándose en ellos, lo que aquí se llama deslocalizarse, se pudiesen emplazar en centro Europa para hacer cada vez más transporte desde el punto de vista de dimensión europea y menos como empresas netamente al servicio de la exportación agro-industrial española.

Tenemos que decir, que el área de los países del Este, desde Polonia a los Balcanes, es decir, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia y hacia abajo, incluyendo casi a Croacia, más las repúblicas bálticas de Lituania, Estonia y Letonia, es un espacio de transporte pujante a pesar de los vaivenes financieros y económicos.

Polonia sigue creciendo, su transporte va bien, pero sin hacer ruido. El checo, el eslovaco, y si nos apuran el húngaro, funcionan muy bien. Quizá, a pesar de estar creciendo, Rumanía, por su deficiente funcionamiento del Estado, y a pesar de tener grandes posibilidades ve mermado su crecimiento por un gobierno no muy eficaz. Es de esperar que Bulgaria y Rumanía se unan al carro de estos, llamados por el resto, países del Este, que con su contacto con Alemania, Austria y el norte de Italia tienen unos referentes industriales y de espacios de consumo muy interesantes.

Todavía hay mucha incertidumbre sobre la situación en Rumanía, la frialdad con que Bielorrusia mira al comercio con la Unión Europea, y lo mismo se puede decir de Rusia. Porque si estos problemas se solucionasen, sobre todo tendríamos una enorme expansión de las empresas de transporte de los países del Este.

Quizá algunos piensen que esto sería una buena noticia para las empresas españolas porque estas empresas polacas, eslovacas, checas, húngaras, se redirigirían al nuevo mercado ucraniano y ruso y el espacio de la Federación Rusa y dejarían hueco en el otro lado.
Sin embargo eso es confiar demasiado en la suerte del telediario, y lo que está ocurriendo es que, lentamente, empresas de transporte de países tan lejanos como las repúblicas bálticas están poco a poco plantando bases en la Europa central y acercándose cada vez al espacio natural de nuestro transporte que es el sur de Alemania, Francia, Inglaterra y el Benelux.

Las empresas españolas, como no se muevan, pongan bases más allá de sedes nominales que sirvan para emplear a chóferes extranjeros, si no dan soluciones a los clientes europeos con cercanía, inmediatez, localizaciones, almacenes, plataformas de cross docking y todo lo que significa la logística moderna; la esperanza de tratarnos de tú a tú con los nuevos poderes hegemónicos como los polacos, húngaros o rumanos no va a ser más que un breve sueño de verano. En la foto un camión de la alemana Duvenbeck con matricula rumana circulando por Austria.
 


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