REVISTA LOGÍSTICA TRANSPORTE Y ALMACENAJE - 08/02/2017
La red terrestre y la capilaridad será la única que salve la paquetería para el ecommerce en Europa.
La Unión Europea, su Comisión Europea y, sobre todo los emprendedores y empresas de comercio electrónico pequeñas y medianas están desesperadas con la barrera económica que supone una paquetería transfronteriza más cara que en EEUU.
Por mucho que se diga, parecen haberse aliado propios y extraños para negar la evidencia, la realidad es tozuda. Las asociaciones de ecommerce, empresas especializadas en ecommerce, instituciones como red.es, y muchas otras entidades dicen tener evidencias claras de encuestas de lo cara que es la paquetería internacional dentro de Europa.
El problema es estructural. En Europa parece que hay muchas compañías pero no son tantas. A saber, o hay compañías que son monopolios públicos sobre el servicio postal universal, que llamamos Correos, como el correo francés, alemán, italiano o el español, o hay empresas internacionales que funcionan en el régimen de oligopolio, Fedex o UPS.
Eso ha dejado a la paquetería transfronteriza en cueros en Europa. En primer lugar, en teoría hay muchos oferentes de paquetería transfronteriza en Europa, y eso es cierto porque a las empresas americanas se añade DHL, el gigante del correo alemán, LaPoste, con empresas en varios países, DPD, España, Alemania, Francia o Inglaterra entre otros, el Royal Mail a través de GLS, e incluso algunos más.
Sin embargo, la paquetería transfronteriza no es competitiva.
No lo es porque se ha seguido el modelo estructural de hacerla preferentemente mediante aviones y, si eso que puede ser correcto en cuanto a los volúmenes de grandes países como Francia, España, Alemania, el Benelux, Inglaterra, no lo es para el resto de países y, sobre todo, los alejados del núcleo central europeo en un radio de acción de 500 km alrededor de Bruselas o Amsterdam.
A partir de ese radio, la combinación de avión desde todas las capitales europeas con la capilaridad por carretera produce altos costes.
Y produce altos costes porque al haber varios oferentes, más de dos, como pasa en Estados Unidos, no se alcanzan por parte de estos concurrentes los volúmenes adecuados dentro de sus redes como para hacerlos rentables con menores precios. Esto hace que suban el coste por envío y que no se puedan ofrecer precios mejores.
Tampoco los correos que actúan en monopolios domésticos al tener el servicio postal universal asignado colaboran entre ellos y no pueden colaborar porque los tres grandes correos europeos, el alemán, el francés y el inglés, han decidido cada uno hacer la batalla por su cuenta.
Cada uno está montando sus redes de distribución con capilaridades diferentes.
DHL y Reino Unido van por detrás del intento de aumentar su capilaridad por parte de LaPoste a través de su empresa DPD.
La Poste, al darse cuenta del hueco que hay, lleva años construyendo su red DPD, de la que es parte Seur y que en unos años veremos cómo sustituye la marca original por esta nueva marca paneuropea que tan conocida es en Alemania e Inglaterra que se llama DPD. De hecho, es fruto de la compra de una empresa alemana por parte de La Poste y, curiosamente los franceses eligieron este nombre basado en las siglas de la paquetería alemana como su brand para la paquetería urgente en toda Europa.
Los franceses están haciendo un esfuerzo importante. En España no hay que preguntárselo porque tienen la mayor empresa de paquetería urgente, Seur. Como buenos conocedores de lo que necesitan para mantener una alta capilaridad y unos costes reducidos para el comercio electrónico, mantienen entre diversos puntos de Europa redes terrestres de arrastre en combinación con los movimientos aéreos.
Los movimientos aéreos sirven para ciertos tipos de envíos y a cierto radio de acción de los principales aeropuertos hub, pero no para todo el territorio y no para el competitivo mundo del comercio electrónico si verdaderamente queremos que las empresas pequeñas y medianas de los países periféricos puedan verdaderamente competir en el mundo del comercio electrónico europeo haciendo una oferta viable.
Si no, las empresas del comercio electrónico se verán obligadas a tener centros en el centro de Europa, Francia, Benelux y Alemania para servir desde allí a esos países, lo mismo que decidió Amazon al analizar el problema y situar en cada país uno o varios centros de almacenaje para poder repartir desde allí.
Por tanto, la situación de la paquetería transfronteriza en Europa es muy complicada y la desesperación de la Unión Europea y de la Comisión, justificada.
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